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Génesis - Capítulos 2:10 - 3:3

Bosquejo

10Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. 11El nombre del uno era Pisón; éste es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro; 12y el oro de aquella tierra es bueno; hay allí también bedelio y ónice. 13El nombre del segundo río es Gihón; éste es el que rodea toda la tierra de Cus. 14Y el nombre del tercerrío es Hidekel; éste es el que va al oriente de Asiria. Y el cuarto río es el Eufrates.  (Gen. 2:10-14)

Creemos que el río en Etiopía sería el Nilo, y que el Hidekel era el Tigris. Ahora, el versículo 15 de este capítulo 2 de Génesis, dice:

15Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase. (Gen. 2:15)

Recuerde, amigo oyente, que este hombre tuvo el señorío, y que las fuerzas de la naturaleza estaban a su disposición.  Ahora, los versículos 16 y 17, dicen:

16Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.  (Gen. 2:16-17)

No fue la intención original de Dios que el hombre muriera, pero ahora pone a prueba al hombre, porque el hombre tiene un libre albedrío, y el privilegio siempre crea responsabilidad. Esa es una declaración axiomática en nuestros días. El hombre a quien se le ha dado un libre albedrío, tiene que ser sometido a prueba para determinar si obedecerá a Dios o no.

Hay una pregunta en cuanto al árbol de la ciencia del bien y del mal, y es si era o no venenoso. Personalmente, creo que fue el mejor fruto del huerto. Pero, el día que de él comieres, – dijo Dios – ciertamente morirás.

Y murió. Recuerde usted que el hombre es una trinidad, y fue condenado a morir de una manera triple. En realidad, no murió físicamente sino hasta 900 años después. Pero estaba sujeto inmediatamente a la muerte. Y la muerte significa separación. El día, pues, en que comió del fruto, él fue separado de Dios espiritualmente. Consideremos ahora la necesidad del hombre de una ayuda idónea.  Los versículos 18 al 20 nos dicen los siguiente:

18Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él. 19Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo, y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viese cómo las había de llamar; y todo lo que Adán llamó a los animales vivientes, ese es su nombre. 20Y puso Adán nombre a toda bestia y ave de los cielos y a todo ganado del campo; mas para Adán no se halló ayuda idónea para él.  (Gen. 2:18-20)

Amigo oyente, Dios tuvo un propósito cuando puso al hombre aquí en la tierra a solas por un período de tiempo. Él quiso mostrarle al hombre que le faltaba algo, que necesitaba de alguien que le acompañara. Créanos que Adán era muy inteligente porque les dio nombre a todos los animales que Dios había creado. Alguien ha dicho que, cuando Dios le trajo a Adán un elefante, le dijo: “¿Qué nombre le pondremos a éste?” Y que Adán le contestó: “Bueno, parece ser más un elefante que cualquier otra cosa”. Y supongo que así le pareció.

Pero, le faltaba un ayudante, es decir, alguien que pudiera ponerse se acuerdo con él y que le respondiera; en otras palabras, necesitaba un ayudante como su contraparte, su otra mitad. Un hombre es solo un medio hombre hasta cuando se casa. Y eso es muy importante entender. Ahora, no estamos aquí para promover el matrimonio, pero diríamos que el matrimonio es la intención de Dios, tanto para hombres como para mujeres. Y que la mujer debe responder a su marido. Veamos ahora lo que Dios hizo. Leamos los versículos 21 y 22 de este capítulo 2 de Génesis; dice así:

21Entonces Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán, y mientras éste dormía, tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar. 22Y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre.  (Gen. 2:21-22)

Ella fue tomada de Adán, de la costilla de Adán. El Dr. Matthew Henry dijo: “Dios no la tomó de la cabeza para que no fuera superior a él; ni del pie para que le fuera inferior; sino que la tomó de la costilla para que fueran iguales”. Y ese es exactamente el propósito de Dios. La mujer debe ser la media naranja.  Y es exactamente lo que Dios quiso decir cuando dijo: Las

casadasesténsujetas a sus propios maridos.  (Col. 3:18a).  Quiere decir “responder”.  Usted, amiga oyente, es la otra mitad de su esposo.  Él, por su parte, es solo medio hombre.

Créanos que Eva era bella. Cualquier mujer que veamos hoy que tenga algo de belleza, la ha heredado de la madre Eva. No hay ninguna belleza que ella no tuviera. Era una muñeca, era la media naranja de Adán.  Ahora, los versículos 23 al 25 nos dicen los siguiente:

23Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. 24Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. 25Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.  (Gen. 2:23-25)

La palabra para la mujer en el hebreo es muy similar a la palabra para hombre. Hombre es “ish”, y la mujer es “ishshah”, y son muy parecidas. Ella es la otra parte del hombre, y debe responder al hombre. Esa es la razón por la cual Dios dispuso que el hombre llevara la delantera. Creó al hombre primero. Creó a la mujer para que le siguiera, y es el hombre quien debe ser el agresor. Dios aun lo hizo físicamente capacitado para que fuera el agresor, y la mujer la que responde. No me diga que una esposa ha de amar a su esposo. Dios no dice esto. Dios dice que debe responderle.

Si el esposo le dice a ella: “Te quiero”, ¿sabe usted lo que pasará? Pues, ella le responderá enseguida: “Te quiero”. Y es porque ella debe responderle. Cuando un hombre dice hoy que su esposa es fría, y de vez en cuando alguien lo dice, que su esposa es fría, eso deja ver que él realmente no es el esposo que debe ser. Si es buen esposo, ella responderá, porque él es quien debe llevar la delantera.

Fíjese usted que el esposo está sujeto a la esposa en el sentido de ser responsable por ella, y él no está más bajo el control del padre ni de la madre.

Ahora, notamos aquí, que ambos estaban desnudos, y no se avergonzaban. Creemos que estaban cubiertos con un tipo de luz de gloria.  Creemos que este es el relato más hermoso y más

fresco de la creación de la mujer y del hombre. Esta era una pareja que Dios realmente unió. Ahora Dios ha dado algunos principios para que Su pueblo los obedezca. Dios ha dado el matrimonio a la raza humana, pero es una de las cosas de la cual los hombres están tratando de deshacerse hoy día.

Rompamossus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas, dice el Salmo 2, versículo 3.
¿Qué es lo que trata de hacer el hombre? Trata de deshacerse de Dios, amigo oyente, porque Dios es Quien estableció el matrimonio. Debe haber una identidad entre el esposo y la esposa, y Dios dice al esposo: Maridos, amad a vuestras mujeres. (Col. 3:19a).

Y esto, amigo oyente, concluye un capítulo maravilloso. Cuenta de la creación del hombre, su sitio y su trabajo; la responsabilidad que tiene; su necesidad de una compañera, y la creación de esa compañera, la mujer.  Este es el clímax de la historia de la creación.

El hombre que sirvió de capellán en la prisión de Nuremberg, cuenta de los últimos días que pasaba con aquellos hombres. Uno de ellos era Herman Goering, y relata acerca de su última noche. “Aquella noche – dice – a los ocho y media, tuve una sesión con Goering durante la cual escarneció la historia de la creación; puso en ridículo la inspiración divina de las Escrituras, y negó completamente algunos fundamentos cristianos. Menos de dos horas después, se suicidó”. Amigo oyente, una de las maneras de deshacernos de esta proporción alarmante de suicidios es hacer saber a los hombres y mujeres, que ellos son criaturas de Dios, y que son responsables ante su Creador. ¡Cuan importante es eso!

La creación de la mujer fue una creación indirecta, porque Dios la tomó de la costilla del hombre, y lo hizo así para revelar la verdad de que ella es parte del hombre, y que ella es su media naranja.  Es su contraparte y su complemento.

Y esto nos lleva ahora al tercer capítulo del libro de Génesis. Pero antes de abandonar el capítulo 2, hagamos un breve resumen de lo que hemos visto en este capítulo 2. Hemos visto el parentesco de Dios por parte del hombre. Hemos visto también la adoración del hombre a Dios. La comunión del hombre con Dios; el servicio del hombre para Dios; la lealtad del hombre hacia

Dios, la autoridad del hombre dada por Dios; y la vida social del hombre dada por Dios y para Dios. Ese, amigo oyente, es el gran mensaje del capítulo 2 del libro de Génesis.

Y ahora sí pasamos a considerar el capítulo 3. Este capítulo es uno de los capítulos más importantes en la Biblia. El Dr. Griffith Thomas llamó al capítulo tres “el punto fundamental de toda la Biblia”. Si usted lo duda, trate de leer los capítulos uno y dos; omita luego el capítulo tres, y siga leyendo los capítulos cuatro y los demás, y se dará cuenta que hay un vacío grande que debe ser llenado.  Algo ha pasado entre los capítulos.

En Génesis, capítulo uno y capítulo dos, encontramos al hombre en inocencia. Todo es perfección, y hay una comunión entre Dios y el hombre. Tan pronto como comenzamos a leer el capítulo 4 del Génesis y continuamos leyendo hasta el capítulo 11, encontraremos los celos, el homicidio, la ira, la mentira, la maldad, la corrupción, la rebelión y el juicio. De modo que surge entonces la pregunta: ¿De dónde vino todo esto? ¿Dónde comenzó? ¿Dónde se originó el pecado? No creemos que se originara en el capítulo tres del Génesis, pero en cuanto a los hombres, aquí es donde comenzó.

Alguien ha dicho también en cuanto al capítulo 3 de Génesis, lo siguiente: “Aquí derivamos de su fuente muchos de los ríos de la verdad divina. Aquí comienza el gran drama que se desarrolla en la escena de la historia humana, y que unos 6.000 años no han completado todavía. Aquí encontramos la explicación divina de la presente condición caída y arruinada de nuestra raza. Aquí aprendemos de los inventos astutos de nuestro enemigo, el diablo. Vemos aquí la total impotencia del hombre para caminar en la senda de justicia cuando la gracia divina se le niega. Aquí hallamos el efecto espiritual del pecado, el hombre tratando de huir de Dios. Aquí discernimos la actitud de Dios hacia el pecador culpable. Aquí notamos la tendencia universal de la naturaleza humana de cubrir su propia vergüenza moral por un artefacto, obra de sus propias manos. Aquí se nos enseña la provisión gratuita que Dios ha ofrecido para suplir nuestra gran necesidad. Aquí empieza aquella maravillosa corriente de la profecía que corre por todas las Escrituras. Aquí aprendemos que el hombre no se puede acercar a Dios a menos que se acerque por un mediador”.  Hasta aquí esta declaración.

Amigo oyente, deseamos considerar este capítulo a fondo. Estamos pasando todo este tiempo en estos primeros capítulos, porque consideramos que son de vital importancia; y en ellos, Dios abarca mucho terreno dentro de una breve declaración de hechos. Aquí, en la primera sección, está puesta en escena la tentación del hombre.  El versículo 1 del capítulo 3, dice:

Apero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?  (Gen. 3:1)

Llegamos ahora a la pregunta del por qué de la tentación. Tenemos que volvernos a los capítulos uno y dos, y encontramos que el hombre fue creado inocente, pero no fue creado justo. Ahora, ¿qué es la justicia? La justicia es la inocencia que ha sido sostenida ante la tentación. La tentación, o desarrollará la inocencia, o la destruirá. Hace una de las dos cosas. El huerto de Edén no fue un invernadero, ni el hombre una planta de invernadero. El carácter ha de ser desarrollado, y sólo puede ser desarrollado ante la tentación. Por eso, el hombre fue creado un ser responsable, y era responsable de glorificar, obedecer, servir y estar sujeto al gobierno divino. El hombre no se creó a sí mismo.  Fue Dios quien lo creó.

Ahora, Dios no fue arbitrario en Su mandamiento. Recordará usted, amigo oyente, que Dios había dicho al hombre que no debía comer del árbol de la ciencia del bien y del mal porque el día que de él comieres, – dijo Dios – ciertamente morirás. (Gen. 2:17). Ahora, ese no fue el único árbol del cual podían comer. Pudiera haber sido un mandamiento muy arbitrario si al no permitirle al hombre comer de aquel árbol, éste hubiera muerto de hambre. Pero nos dice que había una abundancia de árboles que llevaban mucho fruto, y el hombre no tenía necesidad alguna de comer de aquel árbol de ninguna manera. Fíjese usted que aquí el hombre aparece en la escena como una criatura responsable.

En este capítulo encontramos pues, la tentación y la caída. En el primer versículo se nos presenta la serpiente. Luego, surge la pregunta: ¿De dónde vino la serpiente? Y, ¿cómo entró en el huerto de Edén? Bueno, no nos dice cómo es que llegó allí. Simplemente nos informa que está allí.  Es que la Palabra de Dios omite mucha de esta información.  Pero fue una criatura que

podría servir de instrumento de Satanás, y fue usada. La Palabra de Dios no nos informa que Satanás usó una criatura escurridiza. La serpiente de aquel entonces debe haber sido una criatura hermosa. Satanás todavía emplea el mismo método hoy día. El Apóstol Pablo, nos dice en su Segunda epístola a los Corintios, capítulo 11, versículo 14: Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Encontramos que más se dice acerca de él en el libro de Apocalipsis, que en cualquier otro lugar de las Escrituras. En Apocalipsis, capítulo 20, versículo 2, dice: Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años. Se nos dice que el dragón fue arrojado al abismo, y que el dragón es esa serpiente antigua llamada Satanás, y que él es el que engaña a todo el mundo. Fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. Leemos esto en Apocalipsis, capítulo 12, versículo 9. Luego, en el capítulo 20, se nos dice que está atado. Esta es una criatura con tremenda habilidad.  No es la culebra escurridiza en la cual pensamos hoy.

Ahora, aquí no tenemos ningúna registro de su origen de ninguna manera. No queremos ser dogmáticos pero al llegar en nuestro estudio a Isaías, capítulo 14, y a Ezequiel, capítulo 28, creemos que en esos pasajes se nos da el origen de esta criatura, y también se nos explica cómo es que llegó a ser la criatura que es. Ahora, ¿por qué se le acercó la criatura a la mujer? Y, ¿Por qué no se le acercó al hombre?  Génesis, capítulo 3, versículos 2 y 3, dicen lo siguiente:

2Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer; apero del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, para que no muráis.  (Gen. 3:2-3)

Ahora, vemos que la mujer no fue creada primero, y recibió su información de parte del hombre. Dios había dicho a Adán cuando lo creó que podía comer de todo árbol del huerto, menos de éste. La mujer escuchó su información de parte de Adán. Por tanto, la serpiente se le acercó a la mujer primero.

Francamente, creemos que la mujer fue creada de una manera más fina que el hombre, pero a la vez es más susceptible a este tipo de cosas que el hombre. Creemos que la mujer realmente tiene una naturaleza que es más curiosa que la del hombre.  Está más inclinada a investigar las cosas nuevas, y después de inmiscuirse, entonces guía al hombre a aquellas cosas.  La serpiente, Satanás, por supuesto, sabía lo que hacía.

Fíjese usted lo que hizo. Empleó un método muy sutil para llegar a este punto. Le hizo una pregunta a Eva que creó una duda en cuanto a la Palabra de Dios. Provocó su curiosidad, y le hizo surgir una duda en cuanto al amor, la bondad, la justicia, y la santidad de Dios. Luego, fíjese usted que ella repite el mandamiento de Dios, pero añade algo. Ella añadió: ni le tocaréis. (Gen. 3:3). No hallamos en ninguna parte que Dios jamás hubiera dicho que no tocaran el árbol. Sin embargo, ella menciona estas palabras.

Y bien, amigo oyente, vamos a detenernos por hoy aquí. Proseguiremos este estudio en nuestro próximo programa y confiamos que usted nos sintonice de nuevo.

 Hasta entonces, pues, ¡que el Señor le bendiga es nuestra ferviente oración!

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