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Continua vigente el proyecto mar muerto y mar rojo

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

En un artículo por ‘The Mideast Line,’ el dirigente por el lado jordano del Comité Conjunto de Agua Jordana-Israelí dijo en una conferencia en Israel que su país percibe el proyecto como un paso vital para el suplido de agua potable. El proyecto es un plan por poner una tubería que vincule el Mar Rojo con el Mar Muerto, proveyendo agua potable a las tres partes involucradas: Israel, Jordania y la Autoridad Palestina.

El Mar Muerto, cuyo nivel ha ido disminuyendo marcadamente por años y se teme haya llegado a una etapa crítica, también se beneficiaría del proyecto.

Desde una planta de desalinización en Jordania, el agua del Mar Rojo sería canalizada para beneficiar a la región desértica de Israel, y luego la sal sería devuelta al Mar Muerto. Por su parte, Israel enviaría agua a Jordania y el área palestina desde su fuente primaria, el Mar de Galilea.

El Banco Mundial había anunciado en enero que el proyecto de tubería Rojo-Muerto es financieramente factible. El Banco estuvo deliberando el proyecto por seis años.

Dicha tubería de 180 kilómetros de largo, a un costo estimado de $12 billones de dólares, tomaría por lo menos cinco años en instalarse. El Banco Mundial determinó que los beneficios económicos esperados excederían los costos por casi $1 billón de dólares.

El Mar Muerto en Israel es muy singular, el único cuerpo de agua de su tipo en todo el mundo. El proyecto vislumbra salvar el Mar Muerto de degradación ambiental, ya que sus aguas han ido disminuyendo a una velocidad de sobre un metro por año. El resultado es que el mar ha “encogido” desde 960 a 620 kilómetros cuadrados durante los pasados 50 años.

La pérdida severa en el volumen del Mar Muerto se debe en gran parte a la disminución del flujo desde el Río Jordán, agua que se desvía hacia Israel, Jordania y Siria.

El estudio de viabilidad del Banco Mundial exploró tres escenarios: el primero, en que nada se haría y el Mar Muerto continuaría su deterioro; el segundo, en que se limitaría simplemente a estabilizar el Mar Muerto; y el tercero, intervenir para producir mayor desalinización y la generación de hidroelectricidad.

Luego de examinar todas las alternativas, el estudio seleccionó el tercer escenario, el cual sería “menos costoso y menos difícil en términos de ingeniería, aunque utilizaría más energía y generaría una mayor huella de carbón.”

Según el estudio de impacto ambiental comisionado para el proyecto, el mayor riesgo sería la fuga de agua salina a los valiosos acuíferos subterráneos de agua dulce. El estudio dice que deben incorporarse las necesarias soluciones de ingeniería para minimizar ese riesgo.

Al examinar el impacto potencial sobre el Mar Rojo, el estudio concluyó que se puede minimizar el daño a la zona béntica, que es la región más profunda del mar, y a los arrecifes de coral, tomando el agua desde unos 90 metros o más de profundidad.

Sin embargo, otro estudio realizado detalla más riesgos. Una de las preocupaciones mayores de los ecólogos es que el influjo de agua salina desde el Mar Rojo al Mar Muerto ocasionaría cambios en la apariencia y calidad del agua del Mar Muerto de modo que su valor como centro de patrimonio mundial sería perjudicado.

Otros efectos negativos, dicen ellos, sería el daño a la ecología de la región y su hidrogeología, además de una disminución significativa de recursos energéticos no-renovables en la región.

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