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Auschwitz y el Holocausto, siguen formando parte de los recuerdos

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

Perseguir a los responsables del genocidio no es un acto de venganza, aunque la entendería, sino de justicia. Cuando un delincuente comete un crimen la sociedad lo sanciona, no por venganza, sino por justicia, porque las personas deben pagar por las consecuencias de sus actos. Así, cada vez que recordamos el Holocausto, hacemos justicia con las víctimas inocentes. Pero hay muchas otras razones más.

Recordamos el Holocausto porque nuestros muertos merecen de nosotros cuanto menos un kadish (rezo recordatorio). El plan nazi era condenar a los muertos judíos al anonimato de las cenizas. Honrar su memoria es un acto de justicia, que permite devolverle nombre, apellido e identidad a cada una de las víctimas, y eso exige recordar.

Recordamos el Holocausto porque es nuestra mejor forma de aportar a la humanidad. Si las víctimas no se recuerdan, los perpetradores no recordarán. Son las víctimas de Pol Pot, Saddam Hussein, Pinochet, Videla, Francisco Franco los que deben ser recordadas si quieren lograr justicia y prevención. Si las víctimas no se recuerdan, los perpetradores olvidarán. Es más, harán todo lo posible para distorsionar, negar y hacer que otros olviden.

Recordamos el Holocausto para no ver cotidiano el odio y el mal y para rechazar las comparaciones del democrático estado de Israel con el régimen nazi

Recordamos el Holocausto para hacer justicia a muchos no judíos como el cónsul sueco en Budapest Raoul Wallenberg u Oskar Schindler  quienes arriesgaros su comodidad de diplomático y comerciante y sus propias vidas para ayudar a su prójimo judío en aprietos, logrando salvar decenas de miles de vidas humanas, dejando un testimonio histórico de lo que se puede lograr contra la adversidad cuando los principios prevalecen sobre las conveniencias.

Recordamos el Holocausto para impedir que vuelva a ocurrir. Es nuestra mejor forma para decirles a los neonazis que no sueñen con un futuro nacional-socialista.

Recordamos el Holocausto para que nunca más se utilicen “métodos y eficiencia industrial” para la matanza masiva de población civil indefensa. Para que nunca más se utilice cyclon B ni ningún otro tipo de producto para la matanza masiva. Para que nunca más se utilicen experimentos médicos sobre miles de personas vivas. Para que nunca más se manipule a ningún ser para que piense de una u otra determinada forma. La Siria de Assad o la Gaza de Hamas son algunos  ejemplos actuales.

Recordamos el Holocausto porque con eso le damos una razón para vivir a los supervivientes que reconstruyeron sus vidas, para que expresen, con total libertad, sus testimonios. En definitiva, para que formen parte de esta historia tan injusta que les ha tocado vivir.

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