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Benedicto XVI "no hizo nada" para castigar a los sacerdotes pedófilos

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

El balance de Benedicto XVI es "sombrío. Ha hecho grandes declaraciones pero éstas no han sido apoyadas por ninguna acción o medida. Bajo su mandato, los niños siguen estando en peligro", afirma Barbara Blaine, presidenta de una asociación estadounidense de víctimas, la SNAP.

Estados Unidos, como Irlanda y México, fueron frecuentemente sacudidos los últimos años por escándalos sexuales que implicaron a miembros de la Iglesia católica, así como a sus jerarcas, acusados de haber encubierto sus acciones.

El arzobispo de Los Ángeles (oeste de Estados Unidos), José Gómez, publicó a principios de mes, bajo mandato judicial, los expedientes de los casos de pedofilia presuntamente ejercida por un centenar de clérigos.

En septiembre pasado, el obispo Robert Finn fue declarado culpable en Kansas (centro de Estados Unidos) de no haber denunciado a un sacerdote pedófilo y puesto en libertad condicional.

Unos meses antes, William Lynn, un sacerdote que trabajaba en la Archidiócesis de Filadelfia (este), había sido condenado a entre tres y seis años de prisión por delitos similares.

Según los informes publicados por la Conferencia de Obispos estadounidenses, que se dotaron desde 2002 de una carta, "la carta de Dallas", más de 6.100 curas fueron acusados de pedofilia desde 1950, dejando a 16.000 víctimas identificadas y 2.500 millones de dólares gastados en procesos judiciales o terapias.

"Pero éste no es un problema estadounidense, es un problema mundial", añade Blaine, para quien la solución todavía puede encontrarse "a los pies del papa Benedicto XVI".

"Incluso en el curso de las dos próximas semanas", dice la presidenta de la SNAP, el Papa "podría tomar medidas simples que tendrían un enorme impacto para proteger a los niños de nuestra Iglesia en el mundo", como publicar en línea el nombre de los pedófilos conocidos, como ya hicieron 30 obispos estadounidenses, u ordenar a los clérigos de que informen a la policía de todo dato que tengan sobre abusos sexuales.

"Un Papa de claroscuros"

Para Bernardo Barranco, director del Centro de Estudios sobre Religión de México y autor de "La voluntad de no saber" sobre los casos de abusos en el país latinoamericano, Benedicto XVI ha sido un "Papa de claroscuros" en el plano de la pederastia.

"No fue más allá en muchos aspectos, pero probablemente ha sido el más proactivo, enfrenta a la vieja guardia del papa Juan Pablo II, encabezada por Angelo Sodano, que le exigía mayor protección a aquellos obispos que quedaban desamparados por todos estos escándalos", afirma Barranco, quien no olvida la posición de Benedicto XVI ante el escándalo de abusos sexuales practicados por el cura mexicano, y fundador de la orden de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel.

"Él también es responsable (...) se ha documentado que él sabía de Maciel y que se pliega a la voluntad de Juan Pablo II que amaba, admiraba y protegía a Maciel", considera Barranco.

El papa Benedicto XVI no quiso reunirse con las víctimas de abusos sexuales en el seno de la Iglesia católica durante su visita a México en marzo de 2012.

Por su parte, Robert Hoatson, presidente de la asociación de ayuda a las víctimas Road To Recovery, considera que "el Papa no hizo nada". "Estoy muy contento de que haya renunciado", añade este excura y víctima de abusos.

"Las únicas cosas que han cambiado han sido cuando las víctimas valientes mantuvieron la presión y la justicia obligó a la diócesis a publicar sus documentos. La mayor parte del tiempo, la Iglesia ocultó todo hasta que la justicia no les ordenaba publicar" sus informaciones, explica Hoatson.

"El próximo Papa debe abordar el problema, es lo más importante porque afecta a los niños y es un problema mundial", argumenta este exsacerdote, proponiendo una comisión de expertos que determine las medidas a adoptar, "y si eso significa expulsar a los obispos que han encubierto (los abusos) que así sea".

En Irlanda, el grupo de víctimas Survivors of Child Abuse saludó igualmente la renuncia del Papa: "este Papa tuvo una gran ocasión de investigar decenios de maltrato dentro de la Iglesia católica. Prometió muchas cosas, pero finalmente no hizo nada", declaró un responsable, John Kelly.

"La Iglesia debe reconocer lo que pasó. Deben reconocer que dejaron entrar el diablo al interior (de la Iglesia) y le permitieron quedarse durante 50 años", acusó Kelly.

"La Iglesia no puede avanzar. Las funciones de este Papa han estado envenenadas por los escándalos y esto continuará así a menos que el Papa ataque las raíces del problema", advirtió.

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