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El origen de la Navidad

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

  Tampoco significa una postura dogmática frente al tema, solamente es un llamado a considerar la suficiente luz que la Biblia entrega frente a esta celebración a la cual “todo el mundo” se hace parte. “Moros y cristianos” se unen en torno a “la magia” de la navidad. Que la gracia de Dios nos dé luz y sumisión a su Palabra y que nos ayude a hacer lo que es agradable a sus ojos. 

Es frecuente escuchar a predicadores que defienden esta celebración  y que insisten en que hay rescatar la verdadera navidad o el verdadero sentido de ella, cual es, “hablar del nacimiento de Jesús”. Por tal razón, siguiendo esa premisa se legitima el uso de árboles navideños y pesebres,  inclusive dentro de los locales de reunión, lo importante según ellos, es que se celebra en el verdadero y espiritual  sentido navideño,  lejos del consumismo y materialismo del mundo.No obstante, el testimonio de las escrituras desmorona esta premisa puramente humanista que pretende en el nombre de Jesús, defender  a como sea, una mera tradición, pero no una doctrina bíblica.  

A veces es necesario reflexionar y preguntarse si Jesús esta agradado de que se le dedique esta festividad cuyo origen pagano nadie lo discute. Lamentablemente la idea de sincretismo religioso practicado por siglos por el catolicismo romano ha penetrado tan fuertemente en las iglesias llamadas “protestantes”,  que ambos grupos se “toman de la mano” y celebran esta festividad que antiguamente se conocía como “saturnalia” ya se anunciaba el nacimiento del dios romano “Saturno”, y que curiosamente  se realizaba el 25 de diciembre de cada año durante el solsticio de invierno. 

1.-PAGANISMO
 En primer lugar, debemos entender que la Navidad tiene su origen en el paganismo  de Babilonia aproximadamente 2600 años a.C.

La antigua historia relata que en aquel entonces existía una reina llamada SEMIRAMIS en cuyo vientre crecía su hijo TAMUZ,  que según la tradición popular de aquellas religiones paganas, Semiramis habría concebido virginalmente. Este hijo era la encarnación del dios SOL (RA para los egipcios y BAAL para los Cananaeos) y su alumbramiento se celebraba con fiestas, orgías  y en particular se adornaban árboles con cerezas rojas y bolas brillantes en representación del Sol. La costumbre del árbol surgió de una creencia babilónica que decía que Semiramis, la madre de Tamuz, afirmaba que durante una noche, un árbol verde se desarrolló de un tronco muerto. El tronco supuestamente representaba a su esposo muerto,  Nimrod (Génesis 10:9), ¡y el árbol de pino llegó a ser el símbolo de que Nimrod había revivido en la persona de Tamuz!”

 LA COSTUMBRE DEL ARBOL
La historia de las culturas milenarias habla de la fuerte inclinación hacia la adoración de divinidades impersonales como la fertilidad, la fecundidad, la virilidad, etc. y es por eso que aquellos pueblos,  en sus formas cultuales, erigían ídolos representativos de la erección del miembro viril. En otras palabras,  eran generaciones enteras que practicaban el “falo centrismo” como esencia de adoración; centrando sus cultos y regocijos al servicio del sexo, situación que no dista mucho de lo que vemos en la actualidad en una sociedad que goza llamándose moderna, de vanguardia y progresista. Las culturas paganas representaban este falo mediante estatuas de madera y de piedra, y sus cultos se realizaban en torno a estos ídolos. Uno de ellos era el pino erecto que se cortaba y se adornaba conforme a su costumbre. 

Un hecho sintomático que encontramos al descubrir la historia,  es que todo ejercicio cultual del paganismo de la cultura y del tiempo que fuera, mantuvo la misma y común denominadora forma de adoración en torno a un árbol erecto que representaba la divinidad  fálica. El follaje y en especial la fortaleza de su tronco es lo que motivaba los cultos fálicos. Solo bastaría  con citar el árbol frondoso de la que insistentemente nos habla la escritura, o el roble en las culturas celtas, el manzano de los griegos, el ciprés del reino de Saba o el conocidísimo canelo en la cultura mapuche en la región de Chile. 

“Porque las costumbres de los pueblos son vanidad; porque leño del bosque cortaron, obra de manos de artífice con buril. Con plata y oro lo adornan; con clavos y martillo lo afirman para que no se mueva. Derechos están como palmera, y no hablan; son llevados, porque no pueden andar. No tengáis temor de ellos, porque ni pueden hacer mal, ni para hacer bien tienen poder” Jeremías 10:3-5


Aunque muchos predicadores defensores de la tradición de la navidad indiquen que el pasaje de Jeremías 10: 3-5 se trata exclusivamente de una fabricación de un ídolo, sea como fuere, no pueden negar que el énfasis de los pueblos paganos era resaltar la virilidad fálica del ídolo que debía mantenerse erecto como adoración a la fertilidad de la madre tierra. Estas costumbres dejaron como registro en la historia los afamados  monumentos monolíticos llamados  obeliscos, y que en la actualidad curiosamente “adornan” conocidas ciudades de muchos países como EE.UU., México, El Vaticano Italia, Francia, Argentina, Chile, entre otros.
Descripción: Nav 3
La biblia revela que el pueblo de Israel constantemente se veía seducido con las costumbres de los pueblos paganos que lo rodeaban, y aunque que ellos tenían la clara instrucción de Dios respecto a la prohibición de la idolatría y de aberrantes prácticas cultuales, aun así mostraban su persistente rebeldía, acabando por encender la ira santa de Dios cada vez que se inclinaban a los dioses paganos.

“Destruiréis enteramente todos los lugares donde las naciones que vosotros heredaréis sirvieron a sus dioses, sobre los montes altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso” Deuteronomio 12:2
 “No plantarás ningún árbol para Asera cerca del altar de Jehová tu Dios, que tú te habrás hecho, ni te levantarás estatua, lo cual aborrece Jehová tu Dios” Deuteronomio 16:21-22 
“Y Judá hizo lo malo ante los ojos de Jehová, y le enojaron más que todo lo que sus padres habían hecho en sus pecados que cometieron. Porque ellos también se edificaron lugares altos, estatuas, e imágenes de Asera, en todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso” 1 Reyes 14:22-23
 “…Acaz…reinó en Jerusalén dieciséis años; y no hizo lo recto ante los ojos de Jehová su Dios, como David su padre… hizo pasar por fuego a su hijo, según las prácticas abominables de las naciones que Jehová echó de delante de los hijos de Israel. Asimismo sacrificó y quemó incienso en los lugares altos, y sobre los collados, y debajo de todo árbol frondoso” 2 Reyes 16: 3-4

Como vemos, la biblia abunda respecto a la adoración de un árbol como ídolo de expresiones cultuales. Sin duda, es el mismo árbol que trascendió al cristianismo y que ahora paradójicamente adorna muchos de los locales de reunión en donde se supone se predica la Palabra de Dios.

 EL CULTO DE LA MADRE Y DEL HIJO
 En las antiguas culturas paganas se popularizó mucho  el culto de la MADRE Y EL HIJO que consistía en la antigua diosa Semiramis y su hijo en sus brazos llamado Tamuz. Ambos elevados por los hombres  a la estatura de “divinidades”; a Semiramis le llamaron  “La reina del cielo” , pero ésta fue adoptando diversos nombres según cada región; Astarot, Astarté, Isis,  Diana o Venus, fueron algunos de los nombres que recibió esta diosa madre. Evidentemente con el sincretismo religioso  del catolicismo romano, esta divinidad fue denominada “virgen María”, la que obviamente va adoptando, al igual que en la antigüedad, diversos nombres según cada región donde es adorada. Guadalupe en México, virgen de Fátima en Portugal, virgen de Lourdes en Francia, virgen del Carmen en Chile, virgen de Caacupe en Paraguay, etc.

Esta diosa pagana se presentaba con una corona en su cabeza y con un niño indefenso en sus brazos. Este niño era conocido como Tamuz o Baal y las  Santas Escrituras revelan la errónea  actitud del pueblo de Israel que frecuentemente se inclinaba a estos “dioses” 

“Y dejaron a Jehová, y adoraron a Baal y a Astarot” Jueces 2:13
Este pasaje nos muestra con mucha claridad el período de apostasía del pueblo de Israel, quien en una rebeldía increíble abandonó la fiel adoración a Dios todopoderoso para volverse a los dioses paganos, entre ellos, la reina del cielo, es decir, la madre y el hijo. 

“Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré. ¿No ves lo que éstos hacen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén? Los hijos recogen la leña, los padres encienden el fuego, y las mujeres amasan la masa, para hacer tortas a la reina del cielo y para hacer ofrendas a dioses ajenos, para provocarme a ira. ¿Me provocarán ellos a ira? dice Jehová. ¿No obran más bien ellos mismos su propia confusión?” Jeremías 7: 16-19

  Como vemos en este pasaje, Dios no aceptaba ni oía las oraciones de un pueblo que se inclinaba hacia la idolatría de la antigua reina del cielo. El texto dice que toda la familia, padres e hijos, hombres y mujeres, dedicaban un verdadero culto a esta diosa pagana. La biblia presenta de manera nítida que una de las cosas que enciende la ira santa de Dios todopoderoso, es justamente la idolatría. 

Lo sintomático del pasaje es que el Señor pregunta ¿No obran más bien ellos mismos su propia confusión? Bien sabemos que el sinónimo de “confusión” es Babel, y solo basta con recorrer todos los pasajes de la biblia para entender que babel  o babilonia representa la madre de todas las abominaciones de la tierra.

“Babilonia la grande, madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra” Apocalipsis 17:5

Todos los comentaristas bíblicos serios y hermanos fieles al texto sagrado han coincidido que   el catolicismo romano es la babilonia de la cual habla el libro de apocalipsis. Y una de las razones que fundamentan aquello, es que fue justamente el catolicismo quien  introdujo el antiguo y abominable culto de la Madre y del hijo en sus prácticas;  a Semiramis o reina del cielo  le cambiaron el nombre y lo reemplazaron de manera sincrética por Maria, adoptando la misma imagen del culto y el mismo título de “reina del cielo”, de ahí la corona que lleva en su cabeza.

“Y me llevó a la entrada de la puerta de la casa de Jehová, que está al norte; y he aquí mujeres que estaban allí sentadas endechando a Tamuz” Ezequiel 8:14

La biblia presenta evidencias de que la adoración de la madre y del hijo se había enquistado en la práctica cultual del pueblo de Israel. El texto señala que las mujeres se reunían a clamar, pero no a Dios todopoderoso quien los libró de la esclavitud de Egipto con mano poderosa, sino que a Tamuz aquel niño indefenso que posaba en los brazos de su madre. 

No cabe duda que el paganismo de Babilonia trascendió las fronteras, asentándose con mucha fuerza en el politeísmo del  imperio romano. Es ahí,  donde se celebraba el día 25 de diciembre como “El festival de invierno” o “saturnalia”, en conmemoración del alumbramiento de TAMUZ, el dios sol encarnado o el “natalis solis invictus”, es decir, el nacimiento del sol victorioso, festividad que en la actualidad ha pasado a llamarse “navidad”.

Esta festividad iba acompañada de orgías, desenfrenos y  una gran inclinación hacia el valor de la amistad, lo cual se demostraba con intercambio de regalos y presentes para aquella fecha. También surgió la costumbre de adornar las puertas de cada casa,  con coronas de flores y hojas verdes y por cierto la práctica de adornar un árbol con frutas y decorativos alusivos al dios sol.  

Esta era la fecha del solsticio de invierno y el centro de todo, era recordar y celebrar el nacimiento de la divinidad  solar cuya concepción según la tradición pagana, se habría realizado en  la virgen matriz de la reina del cielo.

2.- RELIGION
Más tarde,  cuando fue establecido el catolicismo romano bajo las falsas pretensiones religiosas de Constantino,  aproximadamente por el año 325 d.C., todo la mezcla del paganismo babilónico y romano,  fue introducido deliberadamente al cristianismo mediante el sincretismo religioso. En otras palabras, se tomó los  cultos y costumbres abiertamente paganos y se adaptaron con el presunto cristianismo validado por el imperio. De esta manera, la antigua Semiramis (astarot, venus, Isis, etc.) pasó a llamarse “virgen María” y a  la encarnación del dios sol Tamuz (Baal, Saturno,  etc.), se le llamó “Jesús”. 

Por su parte , el festival del solsticio de invierno o “saturnalia” celebrado el 25 de diciembre de cada año, pasó a ser la fecha oficial  del nacimiento de Jesús y la antigua costumbre de la entrega de regalos y presentes, fué acomodada en función de  la experiencia que tuvieron los magos al visitar al niño Jesús, entregándole “regalos”. El antiguo árbol que la religión de Babilonia adornaba en celebración del nacimiento de Tamuz, pasó a llamarse “el árbol de Navidad”. 
¿COINCIDENCIA O MISTERIOSA TRASCENDENCIA? Saque Ud.  sus propias conclusiones. 

3. LA NAVIDAD Y LA BIBLIA
 Es importante indicar que la biblia habla del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo y existe bastante contenido que nos permite aprender los detalles de aquel trascendental evento. Las Santas Escrituras detallan la concepción de Jesús en la virgen matriz de Maria, la notificación angelical y el nacimiento propiamente tal. No obstante, la biblia no enseña a observar la navidad de la manera que hoy se practica en muchas iglesias llamadas protestantes evangélicas, con locales adornados con árboles, coronas, pesebres e inclusive entrega de regalos con viejos pascueros.

 
¿Cuándo nació Jesús? – Derribando el mito del 25 de diciembre
 El primer punto que debemos aclarar es el asunto que habla de la fecha del nacimiento del Señor Jesucristo. Como ya observamos en los puntos anteriores, la historia confirma que en la antigua Roma,  cada  25 de diciembre se realzaban las afamadas “saturnalias” en conmemoración del “natalis solis invictus”, es decir, el nacimiento del sol victorioso. El catolicismo romano sincretizó esta fecha enseñando que no era “el sol invicto” quien nacía, sino que Jesús. Pero ¿La biblia tiene algo que decir al respecto? O acaso nosotros lo evangélicos aceptaremos esta tradición para  incluirla en nuestros cultos, sin consultar nuestra regla de fe y de conducta? 

La biblia nos entrega un dato concreto respecto a la presunta fecha de nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, y se basa en el tiempo de la concepción de Juan el Bautista en el vientre de Elisabet, parienta de Maria.
El marido de Elisabet era Zacarías quien como sacerdote servía en el templo de Jerusalén. La biblia enseña que él pertenecía a la clase sacerdotal de “Abias” 

“Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la clase de Abías; su mujer era de las hijas de Aarón, y se llamaba Elisabet” Lucas 1: 5
 En el ordenamiento sacerdotal, la Palabra de Dios enseña que David estableció 24 clases o turnos en el ministerio de manera que los sacerdotes permanecieran constantemente sirviendo según las costumbres. 

“Y David, con Sadoc de los hijos de Eleazar, y Ahimelec de los hijos de Itamar, los repartió por sus turnos en el ministerio” 1 Crónicas 24:3

Abías correspondía a la octava clase y es a esa,  a la que pertenecía Zacarías. Esta clase servía en el templo entre mayo y junio, considerando que el año judío se iniciaba en el período marzo-abril. De manera que Zacarías dejó sus actividades ministeriales para regresar a su casa en el mes de junio.

La biblia dice que una vez terminado su servicio en el templo, Zacarías se fue a casa y se unió a su mujer la cual concibió a Juan el Bautista.
 “Y cumplidos los días de su ministerio, (Zacarías) se fue a su casa. Después de aquellos días concibió su mujer Elisabet” Lucas 1: 23-24

Todo hace pensar que Elisabet concibió en el mes de junio, por lo tanto, cuando ella se encuentra con María en el mes sexto de embarazo, debió ser el mes de diciembre. Por su parte el ángel Gabriel le anuncia a Maria la concepción de Jesús al sexto mes de la concepción de Juan el Bautista. En otras palabras, ambos embarazos llevaban una diferencia de seis meses. 

“Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María” Lucas 1:26-27
 “Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril” Lucas 1:36

 Estos datos son extraordinariamente importantes para concluir la fecha aproximada del nacimiento de Jesús. Si Elisabet quedó embarazada en junio, y la escritura señala que “se cumplieron los días de su alumbramiento” (Lucas 1: 57), entonces ella dio a luz a Juan el bautista en el mes de marzo del año siguiente a su concepción. Por lo tanto, considerando que Jesús era seis meses menor que Juan el Bautista desde su concepción, entonces desprendemos la conclusión de que su nacimiento,  bíblicamente hablando,  habría sido en el mes septiembre. 

Esta fecha se ajusta a los relatos bíblicos porque además hay otro antecedente consistente que menciona la escritura respecto a lo que acontecía el día del nacimiento de Jesús.
 “Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño” Lucas 2:8

Esta actividad típica de los pastores en la tierra de Israel jamás fue practicada en invierno debido a su crudeza, por lo tanto, es imposible que esta realidad se hubiera efectuado en Diciembre como se enseña,  ya que en esa zona corresponde al solsticio de invierno, por lo cual, los pastores no guardaban vigilia de la noche sobre su rebaño, sino que guardaban sus animales para protegerlos del intenso frío. Este es una de los textos que refuta fuertemente la idea y mito del 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús. 

Los magos de oriente – Derribando el mito de los tres  reyes magos
 La tradición es tan fuerte que hasta nos hace creer que la biblia hablaría de tres “reyes magos” que llegarían al pesebre a adorar al “niño Dios”.

Pero cuando uno se despoja de la religión y sus pegajosas tradiciones, descubre la verdad y la verdad nos da la libertad. 

La biblia enseña que desde el oriente vinieron a Jerusalén unos magos para preguntar por el nacimiento del rey de los judíos. Estos magos eran en realidad estudiantes de los astros y de las profecías mesiánicas, las cuales, sin duda, quedaron archivadas en la cultura medo persa. Recordemos que el pueblo de Israel convivió mucho tiempo con aquellas culturas durante su deportación. La reputación de Daniel tiene que haber quedado tan arraigada allí, que sus enseñanzas mesiánicas y de redención de Israel pasaron de generación en generación. Esto explica, porque fueron los gentiles (los magos de oriente)  los primeros que adoraron al Rey de Reyes y Señor de Señores. Son las paradojas que la biblia presenta respecto a las inconsecuencias de los hombres frente a la soberanía de Dios.

“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron” Juan 1:11
 Mientras la tradición romanista y la homologación de muchas iglesias llamadas  evangélicas protestantes enseñan que fueron tres “reyes magos”, la biblia no habla de “reyes” ni tampoco de que hayan sido tres. Por el contrario, la biblia infiere que ellos deberían haber sido una enorme caravana.

“Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y publicarán alabanzas de Jehová” Isaías 60:6
 Este pasaje del profeta Isaías revela el carácter mesiánico de la profecía respecto a la actuación de estos sabios de oriente que llegaron a Jerusalén para adorar al Rey de Israel. El texto señala la palabra  “multitud”, es decir, no fueron dos o tres, sino que era una caravana que llegó a Jerusalén.

No podía ser de otra forma, ya que en aquel tiempo, el  cruzar el desierto portando especies de valor significaba llevar una caravana de escoltas para evitar el ataque de delincuentes y asaltantes que se dedicaban exclusivamente a eso. Tan solo recordemos el episodio de aquel hombre que descendía de Jerusalén a Jericó y que fue atacado brutalmente por los ladrones según Lucas 10:30.

Y he aquí, unos magos vinieron del oriente a Jerusalén, preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque al ver su estrella en el oriente,  hemos venido para adorarle. Cuando el rey Herodes oyó esto, se turbó, y toda Jerusalén con él” Mateo 2: 1-3

Evidentemente fue una caravana que cruzó el desierto para llegar a Jerusalén, ya que convulsionaron no solo al rey Herodes, sino que todo al pueblo. Obviamente aquello no hubiera ocurrido con dos o tres personas como lo enseña la tradición.
El sofisma de los tres “reyes magos” proviene,  como muchas otras mentiras,  del catolicismo romano;  tanto es así, que hasta les dieron nombres: Melchor, Gaspar y Baltazar. Tal vez el considerar que fueron tres presentes,  significativos que los magos entregaron a Jesús como muestra de adoración; oro, incienso y mirra, es lo que desembocó en esta distorsión de la verdad,  creando la mentira de los tres reyes magos. 

Otra de las imprecisiones de la tradición, es que se dice que los “tres reyes magos” llegaron al pesebre a adorar al “niño Dios”. De hecho esa es la imagen que se representa en los íconos y estatuas representativas del nacimiento de Jesús, no solo en la iglesia católica, sino que en muchas iglesias evangélicas, a pesar de que la biblia enseña la prohibición de erigir imágenes (Éxodo 20: 4-5) 

La biblia enseña que los magos no llegaron al pesebre donde Maria y José recostaron a Jesús, sino que ellos lo adoraron cuando Jesús ya estaba en la casa.


Y al entrar en la casa (los magos), vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra” Mateo 2: 11
 Este pasaje desmorona aquella idea e imagen tan arraigada en nuestra tradición de que fue en el pesebre donde habrían llegado los “tres reyes magos”. Con esta evidencia, además se echa por tierra la enseñanza de sincretismo religioso de que los presentes que los “tres reyes magos” le entregaron a Jesús eran “regalos navideños”. 

4. EL VIEJO PASCUERO
No podemos negar que la fecha de “navidad”  es un verdadero caldo de cultivo para los comerciantes, el consumismo y una aplastante carrera de tener más; todo detrás de una pantalla o envoltorio cristiano. Que curioso resulta  meditar que los mismos que pregonan la “navidad de Cristo”, exaltan y defienden al “omnisciente, omnipotente y omnipresente” VIEJO PASCUERO. El lo sabe todo, todo lo puede  y está presente en todas partes. Este personaje, que tiene los mismos atributos de Dios,  fue introducido a la tradición popular por el catolicismo romano.

El sacerdote católico Nicolás, obispo de Meyra en el tiempo del emperador Diocleciano (siglo IV), entre todas sus prácticas religiosas, acostumbraba en época de “navidad” a dar regalos y presentes a los niños. Luego de su muerte, la iglesia de Roma lo elevó a los altares y desde ahí que pasó a ser “San Nicolás o Santa Claus” ,  a quien todos los niños esperaban ansiosamente, para recibir los regalos en época navideña.

Más tarde,  este “san Nicolas” adoptó el nombre de “papá Noel”  de la raiz francesa  que a su vez deriva del latín “Natalis, natal”, osea  “ padre de la navidad”.  

Este “papa Noel” trascendió hasta occidente y ya en época contemporánea, fue introducido en diversas historias que hablaban  de su origen, relacionándolo con el polo norte, con la participación de gnomos y renos que lo trasladaban en su tarea de repartir  “regalos” por todo el mundo. 

La empresa multinacional Coca – Cola tomó  a este popular personaje y lo vistió con sus colores corporativos y es ahí donde se produjo una verdadera explosión y propagación de la creencia en este “super  ser” que a la verdad,  no les  regala a los niños, sino que los premia, ya que éstos deben portarse bien y hacer méritos para obtener el presente en navidad (Enseñanza claramente visible en todas las religiones paganas, cuyas prácticas consistían en que la gente obtenía los favores de los dioses, merced a la buenas obras, méritos, mandas o autoflagelaciones).

Para nadie es un misterio, saber que el Viejo Pascuero ha pasado a ser el protagonista en una época que los mismos fundadores de esta fecha la catalogaron como “natividad del Señor” y  que como acabamos de analizar,  no es más que una fecha seudo-cristiana.

El amor de los padres hacia los hijos, en esta fecha se reemplaza por  “el favor del Viejo Pascuero” , el cual se transforma en una verdadera amenaza para los niños durante todo el año: “Si no haces esto o aquello, el  Viejito Pascuero no te traerá eso o aquello”.  Recordemos la antigua canción:
“Debes estudiar y obedecer no hagas enojar nunca a tus papas,  porque Santa Claus nos viene a ver”. 

REFUTACIÓN BIBLICA
Una cosa es estudiar y enseñar sobre lo que la biblia enseña respecto del nacimiento de nuestro Salvador, pero otra cosa es introducir la “navidad” dentro de la iglesia.

Nadie podría negar que la biblia abunda en antecedentes respecto al misterio de la piedad como lo llama el apóstol Pablo (1Tim. 3:16). Los profetas mesiánicos, el evangelio de Mateo y de Lucas en particular entregan contundentes argumentos respecto a la anunciación del nacimiento de Jesús, su genealogía, su concepción virginal en el vientre de María, su alumbramiento, la adoración de los magos de oriente, etc. No obstante, practicar el sincretismo religioso,  bajo la consigna de que “no tiene nada de malo hacer un árbol de navidad, adornarlo y ponerlo en la casa o en el local de reunión”,  es relativizar la verdad, por lo tanto, ¿con que autoridad bíblica podríamos entonces objetar el uso de música popular como el rap, hip hop  o el  rock en medio de los cultos? Evidentemente sería una inconsecuencia terrible aplicar un criterio parcial frente a evidencias concretas del origen pagano de las cosas. 

No podemos pretender ser bíblicos para algunas cosas, pero cuando nos tocan las tradiciones y en particular, aquellas de origen pagano, ahí la biblia es tomada con un criterio relativo.

Entiendo perfectamente lo difícil que es para un “gringo” despojarse de la tradición de la navidad, festividad que esperan durante todo el año. Es una fiesta nacional para ellos, cuya magia hace caer barreras entre moros y cristianos, creyentes e incrédulos, santos y profanos. Y como los países del sur somos moldeados por ellos, hasta llegamos a pensar como ellos. Eso explica porque acá se celebra la navidad con árboles navideños adornados con nieve y con la imagen de un santa claus cubierto de chiporro rojo en pleno verano y  medio de 35°C de calor. 

Sin embargo, creo oportuno precisar que lo que se busca con este estudio, no es volvernos obstinados o religiosos fundamentalistas como los chiitas, talibanes o como los testigos de Jehová, quienes ven pecado en todas las cosas, sin reconocer que el pecado mora en ellos mismos. La idea es quitar el cariz cristiano a una festividad cuyo origen y celebración no nace de la Palabra de Dios, sino que de la tradición popular y específicamente del romanismo.

Si observáramos las cosas que vemos o que hacemos y que tienen origen en el paganismo quedaríamos sorprendidos y tal vez quisiéramos huir a los montes altos escapando, pero esa no es la voluntad de Dios. Nuestro Señor Jesucristo dijo:
“No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal” Juan 17: 15
 La celebración de cumpleaños, los bailes folclóricos, el uso de la corbata y muchas otras cosas, son prácticas de las cuales todos participamos de una u otra forma, sin embargo, ellas  tienen su origen en el paganismo y en las costumbres de los pueblos. Pero nadie es mejor o peor cristiano porque hace o deja de hacer aquello. El asunto es cuando pretendemos “cristianizar” el paganismo y adaptarlo para legitimarlo dentro de la iglesia. Ese es el punto.

 Pero lo trascendental y por lo que todos tendremos que dar cuenta, es la enseñanza puramente bíblica. ¿Enseña la biblia que debamos observar la navidad? ¿Los apóstoles celebraron la navidad? ¿Nuestro Señor Jesucristo ordenó a los apóstoles a que debían recordarle en el día de su nacimiento? Estas preguntas totalmente legítimas, procuraran ser respondidas a continuación. 

En primer lugar debemos reconocer que Cristo es eterno y preexistente; Él no tiene nacimiento, por lo tanto, de mala forma podríamos adaptar la festividad navideña a un evento que habla más allá del nacimiento de un niño. El romanismo  predica al “niño Dios” aquel indefenso bebe en los brazos de su madre, pero NO al Cristo prexistente que se hizo carne y  que a partir de los treinta años hablaba  con voz fuerte y clara.

“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” Mateo 4: 17
 La biblia no registra ninguna instrucción respecto a la observancia de esta celebración. No encontramos instrucciones apostólicas que instruyan sobre esta costumbre pagana. No hay registro en los cristianos del primer siglo que hayan dejado escritos respecto a una supuesta celebración de la navidad dentro de la iglesia.  Al contrario, la biblia enfatiza no el nacimiento del Señor, sino que su muerte redentora en la cruz del Gólgota. Evidentemente el hombre natural prefiere al “niño Dios” en lugar que del Cristo predicador. 

El gran problema de la navidad es que la enseñanza que se entrega tanto en el romanismo como en muchas iglesias evangélicas solo se limita a contemplar “la magia” de una supuesta noche “de paz y de amor” en donde los hombres se solazan en una salvación  universalista. Para esta fecha el sonido de los villancicos suenan  por doquier, las radioemisoras moderan su programación, los políticos refrenan su discurso, algunos empresarios entregan una caja de mercadería a sus trabajadores, los hombres se sienten mejores, etc. En otras palabras,  la navidad es el clásico opio popular que adormece las conciencias de manera religiosa. Nuestro Señor Jesucristo dejó una clara instrucción respecto a hacer memoria de Él, pero no fue precisamente a su nacimiento, sino que a su muerte, y fue eso justamente lo que ratificó años después el apóstol Pablo. 

“Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama” Lucas 22: 19-20
“Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga”  1 Corintios 11: 23-26

En ambos textos aparece la expresión “en memoria de mi”. Nuestro Señor Jesucristo conociendo nuestra inconsistencia y fragilidad de memoria, dejó una reunión especial de conmemoración llamada “la cena del Señor”, “el partimiento del pan”, “la mesa del Señor” o “la comunión”. Aquella reunión fue practicada desde la fundación de las iglesias y por todos los siglos, y se hará hasta que El Señor regrese. La cena del Señor habla de su muerte ya que es allí donde se consuma la obra del Salvador. Curiosamente el rey Salomón expresó en su lenguaje inspirado por Dios:
“…mejor el día de la muerte que el día del nacimiento” Eclesiastés 7:1

  La muerte de nuestro Señor Jesucristo es la que nos dio vida, redención y vida eterna. El gozo y la satisfacción del Salvador estuvieron en su muerte al  derramar hasta la última gota de su sangre para remisión de nuestros pecados.
Por esa razón, para nosotros como iglesia de Jesucristo, fundada en el testimonio apostólico, solo nos resta anunciar la obra de la cruz de Cristo y nada más que eso.  Mientras que los hombres se solazan contemplando un pesebre y una noche de encanto, otros buscan señales milagrosas y otros sabiduría, los creyentes debemos predicar a Cristo,  y este crucificado. El que tiene oídos para oir, oiga.

“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, Y desecharé el entendimiento de los entendidos. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo? Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios” 1 Corintios 1: 18-24
“ No aprendáis el camino de las naciones…porque las costumbres de los pueblos son vanidad”

 Que la gracia de nuestro Señor y Salvador nos de sumisión a su Palabra y nos ayude a comprender este importante tema.
(Jeremias 10:2-3)

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