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El sacerdote, la mujer, y el confesionario

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

El Sr. Chiniquy es uno de los más destacados campeones del Protestantismo en la actualidad.

Fue invitado a Escocia por sus líderes eclesiásticos para tomar parte en el Tricentenario de la Reforma, y a Inglaterra en los últimos años, cuando todos sus principales Protestantes asistieron para honrar al Emperador Guillermo de Alemania y al Príncipe Bismarck por su noble resistencia a las pretensiones Papales de dominar Alemania. Luego, en 1874, habló a la gran asamblea en Exeter Hall, en la cual presidió Lord Russell, y después, por seis meses, disertó en toda Inglaterra por la invitación de Ministros de todas las denominaciones Evangélicas.

De tal hombre con una semejante historia de luchas, servicios y triunfos, los Protestantes de todo el mundo no necesitan avergonzarse.

Durante los últimos dos años ha dado conferencias y predicado en salones llenos en Australia, recibiendo de los pastores y el pueblo de ese país muchos testimonios de estima y respeto por sus valiosos servicios a la causa del Protestantismo.

Es bien sabido que Charles Chiniquy surgió a la notoriedad general en Canadá como un Apóstol de la Temperancia. Pero mucho antes de esto—cuando era un cura párroco, e incluso cuando era un estudiante—era tenido en alta estima. El bosquejo de los comienzos de su vida es el siguiente: Nació en Kamouraska, Canadá, el 30 de julio de 1809. Su padre se llamaba Charles Chiniquy, su madre, Reine Perrault, ambos nativos de Quebec. Su padre murió en 1821; su madre en 1830. Después de la muerte de su padre, un tío adinerado, llamado Amable Dionne, un miembro de la cámara alta del Parlamento en Canadá, que estaba casado con la hermana de su madre, se encargó de él, y lo envió al Colegio de St. Nicholet, con el que estuvo relacionado desde 1822 a 1833, logrando altos honores como lingüista y matemático. Su conducta moral le granjeó entre sus compañeros el nombre de San Luis Gonzaga de Nicholet. Fue ordenado sacerdote en 1833, en la Catedral de Quebec, por el Obispo Sinaie, y comenzó su ministerio en St. Charles, junto al río Berger, Canadá. Después de esto fue Capellán del Hospital de la Marina, y allí estudió dirigido por el Dr. Douglas, los efectos del alcohol en el sistema humano. Se convenció de que éste era venenoso, y su uso general criminal. Escribió al Padre Matthew, de Irlanda, y poco después comenzó la Cruzada de Temperancia entre los Católicos Romanos de Canadá. Comenzó en Beauport, donde era cura párroco. Entonces había siete tabernas o fondas, pero no escuelas. En dos años había siete escuelas y ninguna taberna en su jurisdicción. Se erigió en ese pueblo un Monolito de la Temperancia para conmemorar sus logros en esta buena obra. Pronto fue transferido a la parroquia más grande de Kamouraska; pero al poco tiempo renunció a sus deberes parroquiales y trasladó su centro de operaciones en Montreal, para dedicar todo su tiempo a la causa de la temperancia,—desde 1846 hasta 1851. Como resultado, todas las destilerías fueron cerradas excepto dos, en toda la Provincia.

Estos nobles esfuerzos fueron reconocidos públicamente. Mencionamos cuatro diferentes actos de reconocimiento entre muchos. El primero es el Memorial de la Orden Independiente de los Recabitas de Canadá, y está fechado en Montreal, el 31 de agosto de 1841, con la respuesta del Sr. Chiniquy. Es destacable para los Protestantes del Canadá Inferior que honraran a un sacerdote de la Iglesia de Roma por hacer un noble trabajo por el bien general del país. Ambos documentos son dignos de la causa. En lugar de atribuirse la gloria por este triunfo, el Sr. Chiniquy usa estas palabras en el desarrollo de su respuesta: "Convencido de que este triunfo es únicamente la obra de Dios: ¡a Él sea toda la gloria!" La gran ciudad de Montreal fue motivada a expresar su gratitud, y le fue presentada una Medalla de Oro en nombre de la ciudad, con estas palabras de un lado:

Al PADRE CHINIQUY,

APÓSTOL DE LA TEMPERANCIA,

CANADÁ.

Y del otro:

HOMENAJE A SUS VIRTUDES, CELO Y PATRIOTISMO.

El Parlamento canadiense también fue motivado a honrarlo, y votó para él un Memorial y Quinientas Libras como una muestra pública de la gratitud de todo un pueblo.

La fama de sus labores en la causa de la Temperancia llegó hasta el Papa, y por medio de un aspirante a sacerdote que visitaba Roma por ese tiempo, le fue enviada al Sr. Chiniquy la BENDICIÓN DEL PAPA, como es atestiguado por la siguiente carta. [N. de t.: no le conferimos ningún valor a la bendición del Papa, pero sirve para evidenciar hasta que punto Chiniquy era reconocido por todos, tampoco reconocemos ninguno de los títulos que el Papa se confiere a sí mismo y los consideramos como blasfemas usurpaciones]. Las traducciones son literales, no habiéndonos tomado la libertad para hacerlas en un inglés más convencional:

[TRADUCCIÓN]

"ROMA, 10 de agosto de 1850.

"Señor, y muy Querido Amigo:

"Solamente el lunes 12, me ha sido dada una audiencia privada con el Soberano Pontífice. He usado la oportunidad para presentarle su libro, con su carta, a los que recibió—no digo con esa bondad que le es tan eminentemente característica—sino con todos los signos especiales de satisfacción y aprobación, mientras me encomendaba que le dijera que ÉL CONCEDE A USTED SU BENDICIÓN APOSTÓLICA y a la santa obra de Temperancia que usted predica.

"Me considero feliz por haber tenido para ofrecer de parte suya al Vicario de Jesucristo, un libro que, después de haber hecho tanto bien a mis compatriotas, ha sido capaz de hacer salir de su venerable boca palabras tan solemnes aprobando la Sociedad de Temperancia, y bendiciendo a los que son sus apóstoles; y también es para mi corazón un muy dulce placer transmitirlas a usted.

"Su amigo,

"CHARLES T. BAILLARGEON,

"Sacerdote."

A continuación damos la carta circular general enviada a él por el Obispo de Montreal, en la cual es designado Apóstol de la Temperancia.

[TRADUCCIÓN]

IGNATIUS BOURGET.

"Por la divina misericordia y gracia de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Marianópolis (Montreal).

"A todos los que vean la presente carta hacemos conocer y testificamos: Que el venerable Charles Chiniquy, Apóstol de la Temperancia, Sacerdote de nuestra Diócesis, es muy bien conocido por nosotros, y lo consideramos como probado para llevar una vida digna de alabanza y de acuerdo con su profesión eclesiástica por las tiernas misericordias de nuestro Dios sin críticas eclesiásticas por las cuales pudiera ser limitado, al menos por lo que está en nuestro conocimiento. Rogamos a todos y a cada uno de los Arzobispos, Obispos y otros dignatarios de la Iglesia, a quienes podría suceder que él acuda, que por el amor de Cristo lo reciban de manera cordial y cortés, y que tan frecuentemente como él pueda solicitarlo, le permitan celebrar el Santo Sacrificio de la Misa, y ejercer otros privilegios eclesiásticos y obras de piedad. Mostrándonos a nosotros mismos listos para cosas similares y mayores. Confiando eso hemos preparado la presente Carta general para ser dispuesta bajo nuestra firma y sello, y con la suscripión del secretario de nuestro Episcopado en Marianópolis, en nuestro Palacio del Bendito Santiago, en el año mil ochocientos cincuenta, en el día sexto del mes de junio.

IGNATIUS,

Obispo de Marianópolis.

"Por orden del más ilustre y más reverendo Obispo de Marianópolis, D. D.

J. O. PARE, Canónigo,

"Secretario."

Su elevada posición era ahora universalmente reconocida, y fue elegido por los dignatarios de la Iglesia de Roma para liderar un nuevo e importante movimiento. Éste iba a tomar posesión del Valle del Mississipi, y a formar una nueva colonia Católica Romana en el mismo centro de los Estados Unidos. El obispo Católico Romano de Chicago, Obispo Vandevelt, fue a Canadá para tratar con él sobre el asunto. El objetivo era transferir miles de Franco Canadienses celosos Católicos Romanos; a este nuevo territorio; y el Padre Chiniquy iba a conducir la empresa y a ser el nuevo campeón de Roma. Él aceptó la oferta. Fue y examinó el terreno, seleccionó el territorio, y al volver a Canadá alistó para llevar a la nueva colonia una primera tanda de cinco mil emigrantes, todos celosos por la Iglesia en este nuevo movimiento.

Antes de establecerse en St. Anne, Kankakee, Estado de Illinois, la sede de la colonia elegida, requirió su remoción oficial de la diócesis de Montreal, con la que había estado vinculado los cinco años anteriores. Damos la respuesta completa, para mostrar su reputación cuando dejó Canadá para ir a su nuevo campo de acción.

[TRADUCCIÓN].

MONTREAL, 13 de octubre de 1851.

SEÑOR: Usted me pide el permiso para dejar la diócesis para ir a ofrecer sus servicios al Monseñor de Chicago. Como usted pertenece a la diócesis de Quebec, creo que le corresponde al Monseñor, el Arzobispo, darle el permiso de alejamiento que solicita. En cuanto a mí, no puedo sino agradecerle por sus labores entre nosotros; y le deseo como recompensa las más abundantes bendiciones del Cielo. Siempre estará en mi recuerdo y en mi corazón; y espero que la Divina Providencia me permita en un tiempo futuro testificarle toda la gratitud que siento dentro mío. Mientras tanto,

permanezco, querido señor,

Su muy humilde y obediente servidor,

"IGNATIUS,

"Obispo de Montreal "Sr. Chiniquy, Sacerdote".

Así dejó Canadá con la más alta reputación ante la jerarquía de Roma. Pero pasaron algunos años cuando la colonia se había extendido hasta ocupar cuarenta millas cuadradas, y todavía miles estaban confluyendo, no sólo de Canadá, sino también de la población Católica Romana de Europa. Pero en un mal día para Roma, el Obispo Vandevelt fue removido, y un Obispo Irlandés, O'Reagan, tomó su lugar, e inmediatamente comenzó a obstruir y a oprimir a los colonos franceses. Aquí diremos a los norteamericanos lo que es bien conocido en Canadá, que los Católicos Romanos franceses e irlandeses raramente concuerdan—hay violentas peleas entre ellos. La violencia impulsó a Charles Chiniquy a resistir y a apelar al mundo Católico Romano exterior para obtener la reparación y liberación ante la opresión. Esto llegó incluso hasta el Papa, y él envió a Chicago al Cardenal Bedeni para que investigara la disputa. Él declaró que O'Reagan no tenía razón y fue removido, y el Obispo Smith, de Iowa, tomó el lugar de O'Reagan. Mientras esta tormenta estaba bramando, Dios estaba abriendo los ojos de Charles Chiniquy más y más sobre la real apostasía de la moderna Iglesia Papal en relación a la antigua original Iglesia Cristiana de Roma.

La hora de su liberación se estaba acercando, y Dios había elegido el campo para el primer fiero encuentro bajo la libertad de las Estrellas y las Bandas, [n. de t.: la bandera], de la República Norteamericana. En cualquier otra parte muy probablemente hubiera sido aplastado sobre la tierra, pero aquí encontró libertad, y a un noble abogado, cuando era fieramente perseguido, en la persona del "honesto" Abraham Lincoln, posteriormente el más grande Presidente de Norteamérica desde los días de Washington.

Para mostrar que hasta el tiempo de su separación de Roma portaba la reputación más elevada, la siguiente carta, del Obispo Baillargeon, de una fecha tan avanzada como el 9 de mayo de 1856, cinco años después de dejar Canadá, ampliamente lo prueba.

[TRADUCCIÓN.]

"ARZOBIZPADO DE QUEBEC, 9 de mayo de 1856.

Señorita: le envío, para el Sr. Chiniquy, un adorno [casulla], con el lienzo necesario para hacer una sotana, y un cáliz; todo empacado sin un orden especial, como, supongo, encontrará un lugar para todo en su baúl. Y oro a Dios que la bendiga y la conduzca felizmente en su viaje.

Su devoto servidor, C. J., Obispo de Tloa."

"A la señorita Caroline Descormers,

"Del Convento de las Ursulinas de los Tres Ríos."

El Obispo envía por intermedio de una monja del Convento Ursulino de los Tres Ríos un presente al Sr. Chiniquy, consistente de una casulla, o la vestimenta bordada con una cruz sobre la espalda, y un pilar al frente, que usan los sacerdotes; materiales para hacer una sotana, y un cáliz para dar Misa, como prueba de su más alta confianza y estima. Sería bueno para el honor de la Iglesia de Roma si tuviera muchos sacerdotes como él entre las filas de su clero.

Ahora damos la declaración del Obispo O'Reagan con respecto al carácter del Sr. Chiniquy, como fue jurado por los cuatro Católicos Romanos cuyos nombres son añadidos. Esta respuesta escrita fue dada por el Obispo O'Reagan el 27 de agosto de 1856, a la delegación que fue a verle. Esto ha sido publicado por todo Canadá, en francés e inglés, en respuesta a

ciertas acusaciones del Vicario General Bruyere:

"1°. Yo suspendí al Sr. Chiniquy el 19 de este mes.

"2°. Si el Sr. Chiniquy ha dicho Misa desde entonces, como ustedes dicen, él está de forma irregular; y sólo el Papa puede restaurarlo en sus funciones eclesiásticas y sacerdotales.

"3°. Lo saco de St. Anne, a pesar de sus oraciones y las vuestras, porque no ha estado dispuesto a vivir en paz y amistad con los reverendos M. L. y M. L., aunque admito que fueron dos malos sacerdotes, a quienes me vi obligado a expulsar de mi diócesis.

"4°. Mi segunda razón para sacar al Sr. Chiniquy de St. Anne, para enviarlo a su nueva misión, al sur de Illinois, es detener el juicio que el Sr. Spink ha iniciado contra él; aunque no puedo garantizar que el juicio será detenido por eso.

5°. El Sr. Chiniquy es uno de los mejores Sacerdotes de mi diócesis, y no quiero privarme de sus servicios; y no han sido probadas ante mí, acusaciones contra la conducta de ese caballero.

"6°. El Sr. Chiniquy ha demandado una investigación, para probar su inocencia ante ciertas acusaciones hechas contra él, y me ha pedido los nombres de sus acusadores para confundirles; y me rehusé.

"7°. Decid al Sr. Chiniquy que venga y se reúna conmigo para prepararse para su nueva misión, y le daré las cartas que necesita, para trabajar allí.

"Luego nos retiramos y presentamos la carta precedente al Padre Chiniquy.

PADRES BECHARD,

"J. B. L. LEMOINE,

"BASILIQUE ALLAIR,

"LEON MAILLOUX."

No se necesita nada más para establecer la reputación moral del Sr Chiniquy, mientras permaneció en la Iglesia de Roma.

DECLARACIÓN

A SU EXCELENCIA BOURGET, OBISPO DE MONTREAL.

"SEÑOR:

"Puesto que Dios, en su infinita misericordia, se ha complacido en mostrarnos los errores de Roma, y nos ha dado la fuerza para abandonarlos para seguir a Cristo, consideramos nuestro deber decir unas palabras sobre las abominaciones del confesionario. Usted bien sabe que estas abominaciones son de una naturaleza tal, que es imposible para una mujer hablar de ellas sin sonrojarse. ¿Cómo es que entre hombres cristianos civilizados, algunos han olvidado tanto la regla de la decencia normal, como para forzar a mujeres a revelar a hombres solteros, bajo pena de eterna perdición, sus pensamientos más secretos, sus deseos más pecaminosos, y sus acciones más privadas?

"¿Cómo, a menos que haya una máscara de metal sobre los rostros de los sacerdotes, osan ellos salir al mundo habiendo oído los relatos de miseria que no pueden sino contaminar al portador, y que la mujer no puede contar sin haber puesto a un lado la modestia, y todo sentido de vergüenza? El perjuicio no sería tan grande si la Iglesia hubiera permitido que nadie excepto la mujer se acusara a sí misma. ¿Pero qué diremos de las abominables preguntas que se hacen y que deben contestarse?

"Aquí, las leyes de la decencia común nos prohiben estrictamente que entremos en detalles. Es suficiente decir, que si los maridos supieran una décima parte de lo que está sucediendo entre el confesor y sus esposas, ellos preferirían verlas muertas que degradadas hasta tal punto.

"En cuanto a nosotras, las hijas y esposas de Montreal, que hemos conocido por experiencia la suciedad del confesionario, no podemos bendecir suficientemente a Dios por habernos mostrado el error de nuestros caminos al enseñarnos que no debemos buscar la salvación a los pies de un hombre tan débil y pecador como nosotras, sino a los pies de Cristo solo."

JULIEN HERBERT, MARIE ROGERS,

J. ROCHON. LOUISE PICARD,

FRANCOISE DIRINGER, EUGENIE MARTIN,

 

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