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El varón como líder espiritual

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

En primer lugar, ¿qué es un líder? Las siguientes ideas nos ayudarán a formar un concepto de lo que significa:

** Alguien que hace que las cosas pasen.

** Alguien que dirige o está al frente de algún grupo.

** Alguien con quien una persona se animaría a ir a donde no se atrevería a ir sola.

** La persona encargada de que un grupo humano alcance su misión y visión, ambas cosas muy valiosas, mediante el involucramiento y el desarrollo integral de las personas que lo integran y sus facultades humanas, utilizando al máximo los recursos y con repercusiones positivas para la calidad global de vida.

En segundo lugar, cuando hablamos de lo espiritual, nos referimos a todo lo relativo a esa parte interna de nuestro ser llamada espíritu, que nos diferencia de los demás seres vivos, que es un préstamo de Dios mientras vivimos "Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" Génesis 2:7, y que regresa a él cuando morimos "y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio" Eclesiastés 12:7. Es debido al espíritu, cuando está sano, que el ser humano percibe y entiende las cosas que son de Dios "En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo". 1 Corintios 2:14, 15. Por lo tanto, el término espiritual se refiere a la relación del ser humano con Dios.

En tercer lugar, la familia la definiremos como el grupo humano integrado por un varón y una mujer que han celebrado un contrato civil ante las autoridades correspondientes y han hecho un pacto de fidelidad delante de Dios, así como los hijos que ambos hayan procreado o adoptado.

Con estos tres elementos aclarados, veremos el rol espiritual del varón cristiano con su esposa e hijos, además de sus otras funciones como sacerdote de la familia.

LA MISION PRINCIPAL

El varón dentro del hogar debe reflejar la imagen de Dios Padre, en especial hacia sus hijos. El concepto de Dios es difícil de entender para un niño pequeño; sin embargo, como éste recibe de sus padres amor, consuelo, ayuda, protección, disciplina, etcétera, en su mente se va formando un paralelismo de esta relación con su idea de Dios.

En muchos casos esto resulta contraproducente, ya que existen padres irresponsables, indolentes, faltos de misericordia, rencorosos e incluso perversos. Conozco casos, tanto de libros como de la vida real, de hijas violadas por su padre; a ellas, a pesar de haber llegado posteriormente a los pies de Cristo, les cuesta trabajo llamarle Padre a Dios, porque esa palabra les provoca náuseas por la asociación mental que hacen con su progenitor.

La tarea de reflejar al Padre dentro del hogar, guardando las debidas proporciones, es similar a lo que hizo Jesucristo cuando estuvo en la tierra: “El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación” Colosenses 1:15. Por lo tanto, implica una gran responsabilidad para los varones. Para poder realizarla con éxito, debemos imitar al máximo a nuestro Señor, en lo que se refiere a dos aspectos:

1) Sujeción. Debemos sujetarnos a Cristo, así como él está sujeto al Padre. A lo largo del ministerio de nuestro Señor nos damos cuenta de la perfecta sujeción que tuvo siempre con su Padre.

Dice Juan 5:19 y 30: “Respondió entonces Jesús, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente. . . No puedo yo hacer nada por mí mismo; según oigo, así juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió, la del Padre”.

El Apóstol Pablo comenta en 1 Corintios 11:3 acerca de la sujeción: “Pero quiero que sepáis que Cristo es la cabeza de todo varón, y el varón es la cabeza de la mujer, y Dios la cabeza de Cristo”.

2) Pasar tiempo con Dios. La oración, la meditación de las Escrituras.


Al reflejar a Dios Padre, los varones podremos llevar a cabo las siguientes acciones:

CON NUESTRA ESPOSA

1) Amarla. “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la Iglesia, y se entregó a si mismo por ella. . . Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama” Efesios 5:25, 28.

Así como con los seres humanos Dios ejerce el amor “acción”, y nosotros le correspondemos con un amor de “reacción”, en la pareja humana le corresponde al varón ser la fuente de amor. Como dice el apóstol Juan: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. . . Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” 1 Juan 4:10, 19.

Debemos amar a nuestra esposa:

a) Como Cristo amó a la Iglesia. Los varones no somos amorosos por naturaleza. Por eso cuando se trata de hablar de maridos perfectos, la Palabra de Dios toma de ejemplo al Señor Jesucristo en relación con la Iglesia, ya que su amor es sufrido, es benigno, no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad, todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta y nunca deja de ser. Dios demanda que el varón ame a su esposa con ese amor agape, que es fruto del Espíritu Santo en la vida del cristiano, junto con los tipos eros y philos, hasta que la muerte los separe.

b) Como a nuestros propios cuerpos. Citamos de Génesis 2:23: "‘Dijo entonces Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada”.

La creación de la mujer nos muestra esto con toda claridad. Cuando Adán despertó de la “anestesia” que Dios puso en su cuerpo para extraerle una costilla como materia prima para formar a su esposa Eva, seguramente entendió este concepto y por eso exclamó: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Aun cuando este concepto no es literal para el resto de los maridos, debemos pensar que nos casamos con una hermana nuestra, ya que ambos descendemos de los mismos padres, Adán y Eva.

2) Tratarla con delicadeza. Los varones somos más bien rudos. Observe cómo nos saludamos o cómo nos llevamos entre nosotros. Pero Dios nos pide que hagamos una diferencia cuando tratamos a las mujeres y muy especialmente a nuestra esposa. Dice el apóstol Pedro en 1 Pedro 3:7: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo”.

La Biblia es muy directa en Colosenses 3:19: “Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas”.

Lo que sucede en la mayoría de los casos es que sí, le damos un trato especial a las mujeres en general, pero no a nuestra esposa, ya que ella “es de nuestra confianza”. Estoy seguro de que muchas esposas (entre ellas la mía) quisieran que sus maridos las borráramos de esa lista de personas “de confianza”. La palabra de Dios nos enseña que por la forma áspera de trato a la esposa, las oraciones de los varones pierden efectividad.

3) Serle fiel. Un varón de Dios cumple la promesa que hizo-delante de él de serle fiel a su esposa hasta que la muerte los separe. La epidemia de los divorcios desgraciadamente ha llegado a la Iglesia de Cristo e incluso al púlpito. En un divorcio todos salen perdiendo y los que no respeten las leyes de Dios, un día serán juzgados por adulterio y no entrarán a su Reino.

El profeta Malaquías dice: “Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. ¿No hizo él uno, habiendo en él abundancia de espíritu? ¿Y por qué uno? Porque buscaba una descendencia para Dios. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales para con la mujer de vuestra juventud. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece el repudio, y al que cubre de iniquidad su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos, pues, en vuestro espíritu, y no seáis desleales” (2:14-16)

CON LOS HIJOS

1) Llevar una vida cristiana genuina. Eso no quiere decir que Dios espera que seamos perfectos (¡le gustaría que lo fuéramos!), pero sí que nuestros hijos vean que hay congruencia entre lo que creemos, lo que decimos y lo que hacemos. Este testimonio los acompañará toda su vida y será la mejor herencia que les podamos dejar.

2) Guiarles a que amen a Dios sobre todas las cosas. El primero y más grande mandamiento se halla en Deuteronomio 6:5-7: “Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes”.

Si la nación de Israel hubiera entendido la dimensión de este mandamiento, hubiera podido cumplir el resto de la ley mosaica como consecuencia. ¿Es usted un varón que ama a Dios por encima de cualquier cosa? Lo felicito. Pero si usted es padre, ahora es necesario que ese tipo de amor se reproduzca en sus hijos, cuando menos en la misma medida que el suyo. La triste realidad es que en la mayoría de los caos, el amor y la fidelidad hacia Dios se degrada cuando pasa de padres a hijos.

Claro está que también interviene el libre albedrío de los hijos, pero . . . Eso sucedió con Israel en la antigüedad y en la Iglesia cristiana el día de hoy, debido a que no seguimos al pie de la letra las indicaciones del Señor en este texto para con nuestros hijos.

Es necesario que con insistencia encaminemos a nuestros hijos hacia Dios para que se enamoren de él y lo adopten como su Dios, ya que el Señor no tiene nietos. En esto fallaron muchos personajes bíblicos como Eli, Samuel y hasta David.

3) Enseñarles a descubrir la sabiduría de Dios. Salomón dice en Proverbios 1:8: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre”. Y en otro lugar: “Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, y estad atentos, para que conozcáis cordura” (4:1).

No basta con llevar a nuestros hijos a los pies de Cristo; como a todo nuevo converso hay que enseñarles que guarden todas las cosas que mandó el Señor. La Biblia está repleta de sabiduría y por eso es necesario que ella sea la delicia de nuestros hijos y mediten en ella de día y de noche. De esta forma su camino será guardado y prosperado.

4) Aconsejarlos. La función de los padres como consejeros es de por vida. Se inicia cuando llega el primer hijo y se concluye cuando el padre muere. “El hijo sabio recibe el consejo del padre; mas el burlador no escucha las reprensiones. . . El necio menosprecia el consejo de su padre; mas el que guarda la corrección vendrá a ser prudente” (Proverbios 13:1 y , 15:5).

Es bien conocido que la actitud de los hijos en relación con los consejos paternos se va modificando de acuerdo con su edad. Pero es nuestro deber tratar de que ellos no se tropiecen en las mismas piedras que nosotros y para eso son los consejos.

5) Tener misericordia con ellos. ¿Cuál de los atributos de Dios nos agrada más? Probablemente que es “lento para la ira y grande en misericordia”.

Esa misma actitud debemos tener los padres hacia nuestros hijos para que aprendan a conocer cómo es Dios. Debemos tener un corazón perdonador. Sé que esto no es sencillo, pero cuando nos cueste mucho trabajo hacerlo, pensemos en todas las veces que Dios ha tenido misericordia de nosotros y nos será más fácil perdonar a nuestros hijos y ayudarles a que se levanten de donde hayan caído.

El salmista David dice: “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (103:13).


6) Darles buenas cosas. Una parte importante del rol del padre en el hogar es como proveedor de buenas cosas. Jesús dio estos ejemplos: “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan” (Lucas 11:11-13).

En primer lugar, debemos darles tiempo. Pocas cosas son tan buenas e importantes para los hijos como el tiempo que les dedique su padre. Tiempo para compartir de Dios, para platicar, para jugar y divertirse juntos. Es importante especialmente en la niñez. Si desaprovechamos esta etapa de la vida de nuestros hijos v la queremos recuperar más adelante, será demasiado tarde. Ya para entonces ellos preferirán andar con sus amigos que con su padre.

Algunos padres dedican un mínimo de tiempo a sus hijos pero argumentan que es "de calidad . La experiencia ha demostrado que hablando de tiempo para los hijos, cantidad es calidad”.

En segundo lugar, debemos darles recursos económicos. La Biblia denuncia que “si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8).

Este texto nos enseña que los varones debemos de proveer los recursos económicos necesarios, en la medida de nuestras posibilidades, para la correcta manutención, educación, vivienda, salud y esparcimiento de nuestra familia. Por otro lado, no debemos darle a nuestros hijos todo lo que nos pidan, especialmente cuando son pequeños, ya que los echaríamos a perder. Una frase que ilustra de forma clara este concepto dice: “Si quieres hacerle a tu hijo la vida demasiado difícil de adulto, hácela demasiado fácil de pequeño”.

En ocasiones los padres les dan a sus hijos cuanta cosa les piden, a cambio de no dedicarles tiempo, y eso resulta en un doble daño.

7) Disciplinarlos conforme a la Palabra de Dios. Los padres, pero en especial el varón, tienen la tarea de disciplinar a los hijos. Este concepto se asocia con frecuencia únicamente con corrección y castigo, pero no es así. La disciplina implica mucha enseñanza por parte del padre, no solo en el aspecto moral sino también en el orden, la limpieza y las responsabilidades dentro del hogar, de cada uno de los hijos. En suma, es ayudarles a formar su carácter.

La Biblia nos ordena claramente: “Criadlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4b).

No es una tarea sencilla ni agradable, ya que por naturaleza a las personas nos gusta seguir el camino del menor esfuerzo o nos rebelamos a la autoridad. En ocasiones esa será la actitud de nuestros hijos. Ante tales situaciones, no debemos dudar en castigarlos, cuando sea necesario: “Porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere” (Proverbios 3:12). Podemos usar la vara si es requerida. Es recomendable usarla cuando los niños son pequeños y sus faltas o desobediencia ponen en peligro su vida, o bien cuando le faltan el respeto a los mayores, en especial a los padres.

A medida que los niños crecen, el uso de la vara debe ir decreciendo y apelar cada vez más a su razón, aplicando otros castigos no corporales cuando haga falta.

8) Amonestarlos en las cosas malas que hagan, especialmente si llegaran a blasfemar contra Dios, como en el caso de Eli a quien Dios le sentenció: “Le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado” (I Samuel 3:13).

Un padre cristiano no debe tolerar que sus hijos blasfemen contra Dios. Si bien toda desobediencia a Dios es pecado y el ofender al prójimo o a uno mismo le desagrada, existen ofensas directas contra Dios a las que se les da el nombre de blasfemias.

Tal parece que esto no puede darse dentro de los hogares cristianos, pero déjeme ponerle un ejemplo: Un hijo en su recámara escucha rock pesado en el que abiertamente se insulta a Dios y se exalta a Satanás, o que tiene posters de los grupos que lo interpretan. Eso es abominación contra Dios y no debe tolerarse, aunque lo haga en “su” recámara, porque está dentro de la casa de usted y tiene que darle cuentas a Dios de todo lo que ocurre bajo ese techo.

9) No provocarlos a ira. Dios nos ha dado la autoridad sobre nuestros hijos y no debemos dudar en ejercerla, pero no nos permite abusar de la misma y tratar a nuestros hijos como esclavos, sin respetar su integridad física, moral o emocional. En dichos casos ellos no estarían obligados a obedecernos.

En Efesios 6 tenemos entre otros consejos, los siguientes: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. . . Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos”.

OTRAS FUNCIONES DEL SACERDOTE FAMILIAR

Además del comportamiento descrito anteriormente con su esposa y con sus hijos, el varón debe realizar funciones de sacerdote con su familia.

1) Nunca debe amar a esposa e hijos más que a Dios. “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí”, dijo Jesús, según Mateo 10:37. El amor supremo de todo varón debe ser para el Señor.

Si ama más a su esposa o a sus hijos, se convierte en idólatra. Cuando se le da a Dios el primer lugar en todo, él nos ayuda a amar más profundamente a cada miembro de nuestra familia.

2) Debe interceder delante de Dios por cada miembro de su familia. El varón debe “ponerse en la brecha” y clamar a Dios por su esposa e hijos en todo tiempo. La oración es el arma más poderosa de que dispone el padre para defenderse del “ladrón que viene para robar, destruir y matar” a su familia. En el desempeño de esta tarea le recomiendo lo siguiente:

a) Tenga una visión clara y definida del tipo de persona que quiere que sean su esposa e hijos.

b) Sienta el anhelo de que cada miembro de su familia sea como usted lo ha delineado en su visión.

c) Ore para que Dios le dé la seguridad de que él convertirá su visión en realidad.

d) Llame a las cosas que no son como si fueran, en especial, cuando se tengan conflictos en el hogar, o bien cuando haya hijos rebeldes, incrédulos o pródigos.

3) Además, el padre debe permitir que cada integrante de la familia pueda expresar lo que piensa y ser tomado en cuenta. Nunca debe dar órdenes sin decir “por favor” y “gracias”. Promoverá un ambiente de buen humor y camaradería, logrando que su familia funcione como un equipo triunfador.

La misión de todo varón cristiano debe ser que su esposa, cada uno de sus hijos y, por supuesto, él mismo, pisen algún día las calles de oro de la Nueva Jerusalén.

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