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¿Quién será el Campeón Mundial?

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

En ese momento, toda la atención está puesta en el desempeño del equipo del país favorito. Los estados están listos. El negocio de la pasión del fútbol mueve cantidades astronómicas de dinero en publicidades, derechos de transmisión y otros negocios relacionados con esto. Los vuelos y lugares de hospedaje están repletos. Se completan las nóminas de los jugadores elegidos para enfrentar tan arduo y, a la vez, glorioso reto. Todos los jugadores activos sueñan con formar parte de la selección nacional, pero sólo 23 son los elegidos. De entre ellos, los entrenadores se devanan los sesos pensando quiénes serán los titulares. Pues, de los 23, sólo 11 entrarán a la cancha y serán seguidos por la atenta mirada de millones de hinchas y espectadores, a lo largo y ancho del mundo. Luego, comienzan los partidos eliminatorios.

Fase tras fase, equipos y más equipos son eliminados y, así, las esperanzas de países enteros quedan truncas. Catas largas, lágrimas de bronca y frustración, fuertes discusiones y más que una u otra pelea se desencadenan  a causa de las derrotas. El grupo de equipos  participantes se va reduciendo: 16… 8… 4, hasta que… sólo dos equipos llegan a la tan anhelada final. Y, después de ese partido, donde los futbolistas estarán con los nervios de punta y dejarán su vida en la cancha, sólo quedará un equipo ganador, solo un campeón. Aunque  el segundo y tercer lugar también son premiados, la frustración se marca en sus caras. Ellos también se encuentran entre los perdedores y sobrarán las críticas sobre la actuación de cada integrante del equipo. Sólo uno se alzará con el tan ansiado premio. Sólo esos jugadores darán la vuelta olímpica. Ellos serán el centro de la atención del mundo entero. En el país ganador habrá grandes y largos festejos, y reconocimientos para los campeones. ¡Ojalá fuera nuestro equipo! ¡Qué no daríamos por poder estar entre los campeones!

Pero, ¡tú si podrás ser el campeón! Aunque se trata de otra competencia. Es una competencia que se juega a muerte y con consecuencias eternas. Allí a pesar de que sean miles de millones los participantes, sólo habrá un equipo ganador también. ¡Es el juego de la vida!

Cada habitante  de este mundo busca jugarlo de la forma que mejor le parece. Algunos se esforzarán por avanzar y otros se conformarán con lo mínimo indispensable. Algunos serán previsores, otros intentarán hacer trampa y buscarán atajos. Cada uno tiene su filosofía de vida y, en general, espera lo mejor. Pero, al igual que en el fútbol, el que no obedece las reglas, o no alcanzan los puntos necesarios, será eliminado. Simplemente no estará entre los ganadores.

Porque para salir ganador en el “juego de la vida”, habrá que tener presente los siguientes conceptos: el dueño de la vida es Dios. Él te creo y te dio la vida. Dios te ama inmensamente y su objetivo es que estés para siempre con Él y, así obtenga la victoria diaria y eterna. En la Biblia, la Palabra de Dios, tienes las reglas por medio de las cuales podrás encontrar el sentido y la victoria para tu vida. Allí se nos enseña que cada persona, ya por naturaleza, se encuentra jugando en contra de las reglas: “Todos  andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino” (Isaías 53:6). Como consecuencia de eso, todos se encuentran eliminados: “De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Como todos hemos cometidos hechos que van en contra de las reglas establecidas por Dios, nos encontramos en el equipo perdedor  y, en consecuencia, eliminados. Por más que intentemos ser buenas personas, no tenemos acceso a la presencia de Dios, el cielo, porque Él es Santo y nosotros pecadores. Pero no sólo eso, sino que hay un juicio pendiente sobre nosotros. La Biblia dice que “…está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio”  (Hebreo 9:27). Esto significa la eterna separación de Dios, la muerte eterna.

“El que cree en el Hijo tiene la vida eterna: pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:36). Gracias a Dios, existe una solución para eso. Aquí sí se puede cambiar del equipo  perdedor al ganador. Sólo hay que adquirir la ciudadanía celestial. El precio es alto. Le costó nada menos que la vida a Jesucristo, pero Él la entregó por amor. Entonces, para pasar al equipo vencedor, para ser salvo, tendrás que reconocer que infringiste la regla y arrepentirte de eso. Luego pide al Señor Jesucristo que perdone todos tus pecados.  Cree que Él murió en tu lugar en la cruz para pagar tu culpa, que resucitó para regalarte la vida eterna, y acéptalo en tu vida. Dios te promete: “Mas a cuanto lo recibieron, a los que creen en su nombre les dio el derecho de ser hijos de Dios” (Juan 1:12).

¿Aceptas Su ofrecimiento de cambio de equipo? ¡El precio está pago y Él te está esperando! Te dice: “Al que a mi viene, no lo rechazo” (Juan 6:37). Teniendo a Jesucristo tendrás perdón de pecados, paz, gozo, y seguridad de victoria, desde ahora y por la eternidad. “Más a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús” (2 Corintios 2:14).

Salir campeón del mundo en el fútbol, no cambiará tu realidad presente y, mucho menos, la futura. Pero, si tienes a Cristo, serás un CAMPEÓN ETERNO en el más amplio sentido de la palabra. ¡La decisión es tuya!

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