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Vé, porque yo estoy contigo

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

 Es evidente que si el Señor enviaba a Moisés en una misión, no lo dejaría ir solo. El tremendo riesgo que involucraría, y el gran poder que requeriría, harían que fuese ridículo que Dios enviara a un pobre hebreo solitario para que confrontara al rey más poderoso de todo el mundo, pero lo dejara solo. No es concebible que un Dios sabio confrontara al pobre Moisés con Faraón y las enormes fuerzas de Egipto. Por esto le dice: “Yo estoy contigo”, para que no hubiese duda de que lo podría enviar solo.

En mi caso, también, la misma regla prevalece. Si salgo en una misión del Señor, confiando solamente en Su poder, y con la mirada fija en Su gloria, es seguro que Él estará conmigo. Puesto que Él me envía, está obligado a respaldarme. ¿Acaso no basta eso? ¿Qué más podría necesitar? Si todos los ángeles y los arcángeles estuvieran conmigo, yo podría fallar; pero si ÉL está conmigo, habré de tener éxito. Sólo debo cuidarme de actuar dignamente con relación a mi promesa. No he de ir tímidamente, indecisamente, descuidadamente, presuntuosamente. ¡Qué tipo de persona tendría que ser aquella que cuenta con Dios! Con tal compañía me corresponde actuar con mucha hombría, y como Moisés, he de enfrentar a Faraón sin miedo.

 

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