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Cuando haya puesto su vida en expiación

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

Nuestro Señor Jesús no murió en vano. Su muerte fue expiatoria: Él murió como nuestro sustituto, porque la muerte era el castigo por nuestros pecados; y debido a que Su sustitución fue aceptada por Dios, Él ha salvado a aquellos por quienes puso Su vida en sacrificio. Por la muerte se volvió como el grano de trigo que lleva mucho fruto. Debe haber una descendencia de hijos para Jesús; Él es “el Padre eterno.” Él dirá: “Yo y los hijos que me dio Jehová.”

Un hombre es honrado en sus hijos, y Jesús tiene Su aljaba llena de estas saetas de los valientes. Un hombre es representado en sus hijos, y así es representado el Cristo en los cristianos. La vida de un hombre parece ser prolongada y extendida en su simiente; y así la vida de Jesús es continuada en los creyentes.

Jesús vive, pues ve a Su linaje. Él fija Sus ojos en nosotros, se deleita en nosotros y nos reconoce como el fruto del trabajo de Su alma. Debemos alegrarnos porque nuestro Señor no cesa de gozar el resultado de Su terrible expiación, y porque nunca dejará de deleitar Sus ojos en la cosecha de Su muerte. Esos ojos que una vez lloraron por nosotros, ahora nos miran con placer. Sí, Él mira a aquellos que lo miran a Él. ¡Nuestros ojos se encuentran! ¡Cuán grande gozo es este!

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