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Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

Debe haber confesión con la boca. ¿He hecho esa confesión? ¿He declarado abiertamente mi fe en Jesús como el Salvador a quien Dios ha levantado de los muertos, y lo he hecho de la manera requerida por Dios? He de contestar honestamente esta pregunta.

Debe haber también fe en el corazón. ¿Creo sinceramente en el Señor Jesús resucitado? ¿Confío en Él como mi única esperanza de salvación? ¿Brota de mi corazón esta confianza? He de contestar esto como delante de Dios.

Si yo pudiera en verdad afirmar que he confesado a Cristo y he creído en Él, entonces soy salvo. El texto no dice que podría ser así, sino que es evidente y claro como el sol en los cielos: “Serás salvo.” Como un creyente y como un profesante, puedo echar mano de la promesa, y argumentarla delante del Señor Dios en este momento, y a lo largo de toda la vida, y en la hora de la muerte, y en el día del juicio.

He de ser salvo de la culpa del pecado, del poder del pecado, del castigo del pecado, y por último del propio ser del pecado. Dios lo ha dicho: “Serás salvo.” Yo lo creo. Seré salvo: soy salvo. ¡Gloria a Dios por siempre y para siempre!

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