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Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

Ningún hombre puede dar la espalda en el día de la batalla, ni rehusar ir a la guerra santa. Debemos luchar si hemos de reinar, y debemos continuar la guerra hasta que venzamos a todo enemigo, pues de lo contrario esta promesa no es para nosotros, pues es únicamente para “el que venciere”. Hemos de vencer a los falsos profetas que han venido al mundo, y a todos los males que acompañan su enseñanza. Hemos de vencer nuestra propia languidez de corazón y la tendencia a perder nuestro primer amor. Lean toda la palabra del Espíritu a la iglesia de Éfeso.

Si por gracia salimos airosos, como saldremos si en verdad seguimos a nuestro Líder victorioso, entonces seremos admitidos al propio centro del paraíso de Dios, y se nos permitirá pasar junto al querubín y su espada de fuego, y acercarnos al árbol protegido, del cual, si un hombre comiere, vivirá para siempre. Escaparemos así de esa muerte sin fin que es la condena del pecado, y ganaremos esa vida eterna que es el sello de la inocencia, el resultado de los principios inmortales de la santidad semejante a Dios. ¡Vamos, corazón mío, ten valor! Huir del conflicto sería perder los gozos del nuevo y mejor Edén; combatir hasta la victoria es caminar con Dios en el Paraíso.

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