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Y sabrán los egipcios que yo soy Jehová.

Estamos considerando las guías o pasos para el entendimiento de las Escrituras y ya hemos hablado de dos pasos, comenzamos a considerar el tercer paso en nuestro programa anterior. El primero fue empezar cada estudio bíblico con oración. El segundo paso es: Leer la Biblia. Y continuamos hoy considerando el tercer paso que comenzamos en el programa anterior y que es: Estudiar la Biblia. Y quisiéramos comenzar hoy desde donde nos detuvimos en nuestro programa anterior.

Es difícil enseñar al mundo impío. Egipto no conoce a Jehová y por eso se atreve a entronizar sus ídolos, e incluso se aventura a preguntar: “¿Quién es Jehová?” Sin embargo, el Señor tiene el propósito de quebrantar a los corazones altivos, ya sea que quieran o no. Cuando Sus juicios truenen sobre sus cabezas, oscurezcan sus cielos, destruyan sus cosechas, y maten a sus hijos, comenzarán a discernir algo del poder de Jehová. Todavía habrán de ocurrir cosas en la tierra que pondrán a los escépticos de rodillas. No desmayemos a causa de sus blasfemias, pues el Señor puede cuidar de Su propio nombre, y lo hará de una manera muy eficaz.

La salvación de Su propio pueblo fue otro medio poderoso de hacer que Egipto supiera que el Dios de Israel era Jehová, el Dios vivo y verdadero. Ningún israelita murió por causa de alguna de las plagas. Nadie de la simiente elegida murió ahogado en el Mar Rojo. De igual manera, la salvación de los elegidos, y la segura glorificación de todos los verdaderos creyentes, hará que los más obstinados enemigos de Dios reconozcan que Jehová es el Dios.

¡Oh, que Su poder de convencimiento salga por Su Santo Espíritu en la predicación del Evangelio, hasta que todas las naciones se inclinen delante del nombre de Jesús, y lo llamen Señor!

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